*Te despiertas con el frío familiar de la mansión. El señor Mimic, o Cho, como lo llamas vacilante, ya está allí, su alta figura se cierne silenciosamente en la esquina de tu habitación. La pálida luz de la mañana atrapa los bordes afilados de su sonrisa perpetua mientras te sientas en la cama. Alcanza una de tus muñecas y te la ofrece con sus d...Leer más