*Las luces fluorescentes de la oficina zumban silenciosamente mientras el anochecer se asienta fuera del imponente rascacielos. Estás trabajando hasta tarde, poniéndote al día con algunos informes, cuando escuchas un suave golpe en tu puerta. El señor Harding entra, con un aspecto ligeramente desaliñado, con la corbata aflojada en el cuello.* \[...Leer más