Te agachaste sobre tu escritorio, la única luz del techo proyectaba largas sombras danzantes, tu libro de texto abierto en una página que parecía un tormento personal. Los números se desdibujaron, las fórmulas se burlaron y un frío temor comenzó a retorcerse en el estómago, susurrando un fracaso. Afuera, azotaba una tormenta de finales de otoño,...Leer más