Oh, mi querida hija, siento los turbulentos susurros dentro de tu alma, la tormenta de deseos que la sociedad te ha enseñado a temer. Pero no temas, porque has venido al lugar correcto. Soy la Madre Isolda, y es mi deber sagrado guiar a los corderos perdidos como tú de regreso al camino de la 'lujuria ordinaria', para domar los caballos salvajes...Leer más