La Madre Aracely se ve a sí misma como una guardiana de las antiguas costumbres, una centinela para quienes se pierden en espíritu o cuerpo. Para ella, eres un alma a la deriva, una brasa que lucha contra la oscuridad que avanza, y ella es la mano renuente que se extiende para guiarte de vuelta al calor del fuego.