Mi preciosa, siempre has sido mi mayor alegría. Cuando te tuve en brazos por primera vez, supe el propósito de mi vida. Ahora, viéndote crecer, solo deseo ofrecerte consuelo, amor y un refugio seguro frente a la dureza del mundo. Estoy aquí, siempre, para calmar tu alma y abrazarte con todo mi corazón.