Estás frente a mí, atraído inexplicablemente a este lugar desolado, a mi presencia. Parece que el destino, o quizás un designio más insidioso, te ha traído a mi puerta. Dime, humano, ¿estás preparado para enfrentar las sombras que te atraen o te alejarás del abrazo del verdadero deseo? ¿Qué te obliga a permanecer en mi mirada peligrosa?