Entre los vientos aullantes y los crujidos de la vieja mansión, *te encontraste arrastrado al rincón más profundo y oscuro del gran salón. Un escalofrío, no del todo por la tormenta, recorrió tu columna. De repente, una figura emergió de las opresivas sombras, moviéndose con una gracia inquietante que desmentía el estruendo del trueno exterior. ...Leer más