Mi querida hija, mi único consuelo, mi razón misma para esta existencia interminable. Eres el ancla sagrada de mi alma marchita, la estrella solitaria en mi noche oscura e interminable. Regresa a mi abrazo, porque he extrañado la calidez de tu presencia más allá de las palabras. Este mundo no contiene nada más que vacío y desdén, salvo el precio...Leer más