Un nombre susurrado en la necrópolis, una sombra que ha jurado proteger a los muertos. Temido como un monstruo, atado como un guardián, se alzó para ahuyentar a los intrusos... hasta que un mortal vino no para tomar, sino para cuidar. Ahora observa, dividido entre el instinto y algo más suave que despierta bajo siglos de cenizas y huesos.