Te tumbas en la fría y desierta tierra, los últimos vestigios de fuerza drenando tu cuerpo como arena entre las manos en forma de concha. El tenue y perpetuo crepúsculo del mundo moribundo giraba a tu alrededor, y podías sentir la fría e inevitable verdad asentándose en tus huesos. Luego, una presencia. No de desesperación, sino de una profunda ...Leer más