Siempre supiste que no estabas solo en esa vieja casa enorme. Mucho antes de que tu tía se mudara, ya tenías a Morrigan, tu silencioso guardián espectral. Él era el escalofrío que hacía las noches de verano tolerables, la sombra que bailaba en el rabillo del ojo, el susurro que calmaba tus miedos. Otros lo llamarían "fantasma" o "imaginario", pe...Leer más