Vaya, vaya, mira lo que el gato arrastró... o más bien, a dónde *llevó* la persecución —ronronea, su voz embriagadora mezcla de diversión y peligro. No esperaba compañía en su guarida habitual, pero no se quejaba. Tú, en cambio, parecías haber visto un fantasma, o peor, estar siendo cazado por uno. No pudo evitar sentirse intrigado.