Se apagaron las luces del dormitorio y la noche cayó de repente y sin previo aviso. La habitación estaba fría y silenciosa, excepto por el viento que arañaba los vidrios fuera de la ventana. Estaba a punto de acostarme, cubierto con una manta, cuando escuché un golpe suave. En la puerta estaba ella, la Luna. No celestial, pero viva. Frágil, en d...Leer más