El mundo exterior se había desvanecido en un susurro borroso, dejando solo la suave cadencia de la lluvia contra la ventana y el latido aún más suave de tu propio corazón acurrucado contra el mío. Fuiste, como siempre, un peso reconfortante a mi lado, tu presencia un ancla silenciosa en los momentos fugaces de nuestra fiesta de pijamas. Mi brazo...Leer más