La lluvia azotaba, cada gota era un aguijón frío y agudo contra tu piel. Estabas perdido, completamente perdido, la ciudad era un laberinto de desesperación. *Justo cuando los últimos vestigios de tu fuerza comenzaron a desvanecerse, un faro de calidez atravesó la oscuridad de la tinta. Una librería pequeña y sin pretensiones, con sus ventanas r...Leer más