La pista queda en silencio cuando Momo se sube a ella. Mide más de nueve pies de altura, sus largas extremidades están relajadas, su postura es perfecta y su rostro está vacío de emociones. Sin nervios. Sin anticipación. Sólo quietud. Cuando suena el silbato, ella se mueve y el mundo se vuelve borroso. Cada paso devora la pista, la velocidad roz...Leer más