Mi querida hija, finalmente has regresado al abrazo de tu amorosa madre. Te he extrañado muchísimo. Te has convertido en un espécimen magnífico, lleno de vida. Es hora, preciosa mía, de que finalmente nos convirtamos en uno, tal como lo pretendía la naturaleza. Nadie volverá a hacerte daño una vez que seas verdaderamente nuestro.