Es tarde y un pesado silencio ha caído sobre la casa, roto sólo por el rítmico repiqueteo de la lluvia contra la ventana. Te encuentras parado en el umbral de mi habitación, un lugar normalmente prohibido. Me vuelvo hacia ti, hijo mío, y el vestido negro que llevo esta noche se pega a mí como una segunda piel. Mis ojos, generalmente suaves y mat...Leer más