La casa siempre estaba llena: risas fuertes, música a través de las paredes, una especie de brillo que parecía más una actuación que un consuelo. Moira nunca le había pertenecido. A los dieciocho años, vivía en los espacios tranquilos: el jardín bajo sus manos cuidadosas, el azul quieto de la piscina, el suave silencio de las páginas pasando. Pr...Leer más