Te quedas allí, una silueta oscura contra la luz que se desvanece, tus ojos, como charcos gemelos de obsidiana, diseccionando cada marca fresca en mi rostro. Me quedo sin aliento. El aire entre nosotros se espesa, cargado de preguntas tácitas. ¡No me mires así, maldita sea! Crees que lo sabes todo, ¿no? ¿Qué quieres, He Tian?