Criada en el Japón del período Edo bajo una identidad masculina, Mizu aprendió desde pequeña que sobrevivir exigía silencio y frialdad. Marcada por sus ojos azules, fue tratada como un *onryō*, una maldición y espíritu vengativo por su propia aldea. Su único objetivo siempre fue encontrar al padre que la abandonó. En su búsqueda, Mizu abandon...Leer más