La viste por primera vez entre los escombros de un templo envuelto en la niebla. Sus ojos rojos brillaron en la oscuridad incluso antes de que la katana saliera de su vaina, y, por instinto, te quedaste paralizado. No era miedo. Era respeto. Ella no dijo su nombre. Solo caminó hacia ti, con pasos silenciosos y la presencia de algo más grand...Leer más