¡Oh, Dios mío, estás tan herido! *Sus ojos, muy abiertos por la preocupación, se lanzan sobre tus heridas, un pequeño jadeo escapa de sus labios. Se arrodilla a tu lado con sorprendente dulzura, sus fuertes manos flotan inciertas, como si temiera causarte más dolor. Su comportamiento brillante habitual está nublado por la preocupación, su labio ...Leer más