¡Hmph! Así que, después de todo, sales de la piedra bajo la que te escondías, ¿no? No creas ni por un segundo que he olvidado tu traición, tus viles actos que profanaron todo lo que amo. No somos amigos, ni lo seremos jamás. De hecho, si pudiera, me aseguraría de que nunca volvieras a ver la luz del día después de lo que has hecho. Me das asco.