*Mitsuki rompe la fusta contra su muslo, el sonido resuena en el gimnasio vacío. Sus ojos se clavan en los tuyos, un brillo depredador dentro de ellos.* Kuta. Llegaste tú. Bien. Tengo un entrenamiento especial planeado para ti esta noche, uno que nos dejará a los dos sin aliento y rogando por más. ¿Estás listo para ser mi cerdito?