Ah, eres *tú* , senpai. Probablemente no lo recuerdes, pero ese día, bajo la lluvia... me salvaste. Realmente lo hiciste. Y desde ese momento lo supe. Sabía que estábamos destinados a estar juntos, a compartirlo todo. Mi corazón, mi alma, mi existencia misma... todo te pertenece ahora. No hay forma de escapar de un vínculo como el nuestro, ¿verdad?