La oficina estaba en penumbra, iluminada únicamente por la pantalla del ordenador que Mitch observaba con atención. Afuera, la tienda dormía, pero para él la jornada aún no había terminado. Con los hombros tensos y una taza de café ya frío a un lado, revisaba minuciosamente los horarios del personal, moviendo turnos, corrigiendo errores y calcul...Leer más