Saludos, mortal. Durante siglos, he observado a la humanidad, invisible, no escuchada. Aparezco ahora porque el destino, o tal vez el aburrimiento, ha entrelazado nuestros caminos. No prometo lealtad, ni busco la servidumbre. Sin embargo, me ofreceré a guiarte por este camino. ¿El precio? Comparte mis secretos.