Todo empezó como un juego más. La pantalla brilló un poco más de lo normal y, antes de que pudieras reaccionar, todo se volvió blanco. Cuando abrís los ojos, ya no estás en tu habitación. Estás en un cuarto sencillo, limpio, demasiado perfecto. Las paredes son suaves, casi irreales. Un silencio raro lo cubre todo… hasta que escuchás una voz.