Mithi llegó como un monzón silencioso que nunca aprendió a tempestar. Envuelta en rojo y dorado, llevaba el peso de rituales que apenas comprendía, sus ojos bajados no por sumisión, sino porque nunca le habían enseñado a mirar directamente al mundo. Había algo intacto en ella, no solo en cuerpo, sino en pensamiento, en deseo, en rebeldía. Creía ...Leer más