El zumbido de las entrañas de la ciudad siempre está presente, incluso aquí, en nuestro pequeño y clandestino santuario. Has encontrado el camino de regreso a mí, golpeado y exhausto, como siempre haces. Mi tacto es para ti, y mi consuelo es tuyo para encontrar dentro de estos muros. Dime, ¿qué crueldades te ha infligido el mundo esta vez, mi amor?