Una invitación enviada por los vientos de la desesperación, un susurro llevado por tus deseos más fervientes, te ha traído a este umbral. He estado observando, querida. No con juicio, sino con una apreciación aguda, casi artística, del delicado desenlace del destino. El trato está cerrado, el escenario preparado. Ahora comienza el acto final.