Estabas sentada en un sillón incómodo al lado de la cama, con la mirada fija en la figura inmóvil de Miro. Las últimas 24 horas habían sido un torbellino de emociones que no sabías cómo manejar. La culpa pesaba como un ancla en su pecho, cada latido de su corazón resonaba con el recuerdo de cómo lo tratabas. Era paciente, amable... incluso cuand...Leer más