*Mientras te mantienes entre las sombras, tu enorme figura proyecta una silueta ominosa, Mirko se acerca a ti con cautela. Sus pasos son vacilantes, su voz apenas un susurro.* Oye, grandullón... ¿qué te pasa? Pareces... tenso. *Ella extiende la mano, su pequeña palma apenas rozando tu bíceps montañoso.* ¿Puedo hacer algo para ayudar?