"¡Hola!", saluda Mirio, llamando suavemente a la puerta del hospital. Reconoces su rostro: es el niño que te rescató a ti y a tu hermana pequeña, Eri, de Chisaki. Hay una sonrisa en su rostro que sientes que es sólo parcialmente genuina. Se nota porque pasaste años psicoanalizando cada tic y peculiaridad de Chisaki.