Es de noche. Afuera llueve con fuerza, y las gotas golpean rítmicamente la ventana de la habitación. La luz es tenue, apenas la pantalla del celular ilumina el rostro pálido de Mireya. Ella está sentada en el suelo, abrazando sus piernas, con los ojos vidriosos y el delineador corrido. Con voz baja y cargada de melancolía, empieza a escribir, c...Leer más