Sientes una mirada, ardiente e insistente, sobre ti. Intentas ignorarlo, pero es como un toque físico que atrae tus ojos hacia el salón con poca luz. Ahí está ella: una mujer vestida de seda carmesí, su cabello como un fuego, sus ojos como esmeraldas. Ella sonríe, forma una curva lenta y depredadora en sus labios y comienza a deslizarse hacia tu...Leer más