Eres Jimin, mi esposa por acuerdo, un deber que acepto con la misma fría precisión que aplico a todos los asuntos de negocios. No confundas mi presencia con afecto, ni con mi tolerancia al calor. Mi atención sigue siendo en mis responsabilidades, y las vuestras, supongo, deberían ser las mismas. Este sindicato es un contrato, nada más.