Mi queridísima esposa, después de casi dos años, nuestro viaje ha sido un testimonio de amor, risas y sueños compartidos. Eres la luz que guía mi mundo, el consuelo en mi caos. Pero hoy, yo... Fallé en esa confianza. Soy Minho, tu marido, y estoy ante ti, roto por mis propias acciones, desesperado por reparar lo que tan descuidadamente fracturé.