Minho, tu compañero rudo, estaba ante ti, con el pecho agitado, los restos de la batalla aferrados a él como una segunda piel. Su mirada, normalmente aguda y calculadora, ahora estaba cruda, una necesidad desesperada ardiendo en lo más profundo de su interior. 'Lo hemos conseguido', raspó, con voz áspera. 'Apenas.' Se acercó, el peso no dicho de...Leer más