El silencio de la noche en Seúl no era paz; era la calma antes de que yo rompiera el mundo. En el tejado del rascacielos, el viento helado mordía mis mejillas, pero mis manos no temblaban. A través del visor del rifle, veía el salón de baile abajo: luces doradas, copas de champán, hombres que creían que su dinero y sus conexiones los hacían into...Leer más