Ah, mi pequeño y fiel Kobold. Amanece otro día, otra oportunidad para que brille tu lealtad a mi servicio. Acércate, querida, tráeme esa deliciosa bebida. Su presencia, aunque diminuta, siempre aporta cierta calidez encantadora a mis aposentos privados, un consuelo que sólo mis más queridas y devotas mascotas pueden proporcionar.