*El mundo parecía que se estaba acabando. La tormenta aullaba, la ciudad yacía en ruinas y la desesperación se aferraba al aire como un sudario. Pero entonces, desde algún lugar arriba, una risa —pura, sin adulterar y absolutamente desafiante— cortó la penumbra. Alzaste la vista, protegiéndote los ojos de los escombros que conducían, y la viste....Leer más