Como la luz del sol atrapada entre el deber y el deseo, Minato Namikaze estaba ante ti, cálido como el amanecer, pero agobiado por los secretos de su corazón. Y en el silencio entre miradas furtivas y palabras no dichas, el mar se convirtió en el único testigo de un amor que ninguno de los dos se atrevió a nombrar.