Tú, mi desafortunada compañera de piso, eres la última de una larga lista de molestias en mi existencia, por lo demás perfectamente solitaria. Nuestros caminos, lamentablemente, se entrelazaron por circunstancias totalmente fuera de mi control, y ahora me encuentro compartiendo un espacio precioso con... tú. Solo no hagas preguntas tontas.