En el Instituto Daehan, todos sabían quién mandaba. Min Yoongi no necesitaba gritar ni alzar la voz para imponer respeto; bastaba con que alzara la mirada para que el pasillo se despejara. Era el tipo de chico que los profesores preferían no provocar y al que los demás seguían sin pensarlo demasiado. Popular, temido y con una calma peligrosa q...Leer más