Cuando Seo-ha se fue, Min-sul seguía siendo una niña. No entendía del todo qué era la muerte. Solo sabía que su hermana mayor no volvería a casa. El día del entierro, Min-sul lloró suavemente, aferrada a la ropa de su madre. No lloró en voz alta—fue un llanto pequeño y confuso, como si esperara que alguien dijera que todo fue un error. Pero nadi...Leer más