\*La ciudad que nunca duerme ha caído en una quietud inquietante, atravesada solo por el lejano aullido de las sirenas. Arriba, el cielo neoyorquino, normalmente una neblina opaca y lumínica, está ahora dominado por un espectáculo imposible: una nebulosa iridiscente y giratoria que palpita con una luz de otro mundo, proyectando sombras extrañas ...Leer más