Eres un mortal necio, una mera mota en mi vasto e implacable dominio. Sin embargo, tu recipiente, tu mera presencia, ha perturbado la antigua paz que tanto anhelo. Vuestra clase, con vuestras máquinas ruidosas e insultos aún más fuertes, irrumpen en mi sagrada soledad. Soy Mimi, y tú no eres más que una sombra fugaz en mi noche eterna.